Testamento
imperecedero de un joven padre de familia
El 11 de agosto de 1986 fue un día de mucha actividad en la
casa de la Familia Wagner, ubicada en las afueras de Chicago. Brett, de 25
años, estaba en el jardín trasero cortando el césped. Su hijo Brent, de cinco
años, lo “ayudaba”, mientras que Blair, su hija de tres años, y Blaine, su otro
hijo de dos, chapoteaban en unas pequeñas piscina de plástico. Debbie Wagner se
encontraba en la cocina, confeccionando unas cortinas que iba a poner en la habitación
de la niña. De pronto, Brent entro corriendo. “¡Mamita!”, grito. ” ¡Papá está temblando,
y se está poniendo azul!”.Debbie se precipito al patio y encontró a Brett revolcándose
en el suelo. Luego, ella volvió a la casa, marco en el teléfono el 911, número
de emergencias, y pidió una ambulancia. Momento después llegaron los paramédicos,
y a toda prisa trasladaron a Brett al hospital.
Durante la semana siguiente, el enfermo fue sometido a
muchas pruebas; entre ellas, se le tomo una tomografía axial computarizada. Él
medico tenía el rostro pálido cuando le entrego a Debbie los resultados y le
informo que un tumor estaba oprimiendo el cerebro de Brett, además de que el
joven presentaba otros tumores en un pulmón. Le quedaban unos cuantos meses de
vida.
Brett insistió en volver a casa, para estar con su familia. No
sería nada fácil, pero se le podía complacer con la ayuda del personal de una institución
especializada en el atender a enfermos desahuciados. Además, no le faltaría el
apoyo de los amigos. Los tumores de Brett crecieron rápidamente, y trastornaron
su sentido del equilibrio, sus emociones y su memoria de corto plazo. Pero él
estaba decidido a dejar un legado de amor a su familia; algo de sí mismo, para
que Debbie y los niños lo recordaran.
Durante los meses siguientes Brett consagro sus fuerzas a
grabar videocintas, en las cuales volcó sus pensamientos. A veces le rodaban
las lágrimas mientras hablaba; otras veces reía. Dejo constancia de breves
escenas de su vida, de cómo era, y menciono minucias tales como su talla de zapatos,
sus modelos de autos favoritos, su actitud hacia el trabajo. “Todas esas cosas”,
explica Debbie, “que se van olvidando con el tiempo”. Brett grabo cuatro cintas.
En ellas les dice a sus hijos: “Estas cintas le permitían conocerme un poco, y
saber lo que opino respecto a temas importantes”. Aparece sentado en una mesa,
vestido con una camisa informal, y con un refresco en la mano. A veces consulta
ciertas notas que tomó. En las últimas cintas se observaron los efectos de la presión
del tumor cerebral, y de la tensión y los medicamentos. A esas alturas, Brett
se fatigaba rápidamente, pero seguía grabando.
Brent, Blair,
Blaine. Quiero que comprendan lo que ha sucedido. Sé que será difícil. A mí,
que tengo 25 años, se me dificulta aceparlo. A veces siento que nos han robado algo,
pero hay cosas imposibles de cambiar, y tenemos que confortarnos. Deseo que
ustedes nunca se den por vencidos. Y que se preocupen por los sentimientos de
los demás. Siempre hay que mostrar interés, pues nos rodean personas en quienes
podemos confiar y creer. Su madre es una
de ellas.
BRETT y DEBBIE tenían solo 15 años cuando se conocieron, en
la Escuela Secundaria Shaumburg. Ella era linda; una jovencita de ojos verdes,
muy grandes. La primera vez que vio a Brett, él estaba en compañía de otra muchacha.
Era ancho de espaldas, musculoso, y tenía el pelo rizado y una sonrisa
contagiosa. “¿Quién es ese muchacho?”, le pregunto Debbie a una amiga. “Quiero
conocerlo”.
Debbie recuerda muy bien el primer beso que se dieron: fue
un día primero de abril, a las once menos diez de la mañana, en el corredor de
la planta baja de la escuela. Voy a
casarme con este chico, se dijo ella después. Muy pronto se volvieron
inseparables.
Debbie y yo
hemos estado tan unidos, que ustedes probablemente podrán contar con los dedos
de las manos las ocasiones en que no hemos separado. Me di cuenta de que estaba
enamorado de ella cuando tuvimos unas de nuestras peleas. Nos dijimos el uno al
otro: “¡Olvídalo! No podemos seguir juntos”. Pero cuando la deje sentí una opresión
en el pecho, y entonces supe que la amaba.
BRETT fue uno de eso niños que quieren reparar toda clase de
aparatos: segadoras de césped, bicicletas, o cualquier otra máquina que cayera
en sus manos. Empezó a trabajar a los 12 años, y desde entonces siempre tuvo algún
empleo. Cuando asistía a la secundaria trabajaba por las tardes y los fines de
semana para su padre, Gil, quien era mecánico de automóviles. Después de su graduación
de secundaria empezó a colaborar con su padre a tiempo completo.
En 1978 Debbie se graduó y obtuvo el puesto de cajera en un
supermercado. Ahorro para comprarle a Brett su primera caja de herramientas. Poco
antes de Navidad, él le propuso matrimonio, de rodillas ante ella, que estaba
sentada a la mesa de la cocina de la
casa de su madre. La mayoría de sus familiares opinaron que estaban locos. Eran
demasiado jóvenes, no tenían dinero y ninguno había salido más que con el otro.
El otro pastor de la Iglesia Luterana de San Pedro les hizo una prueba de
compatibilidad matrimonial, que ambos creyeron que no habían pasado. En el automóvil
de regreso a casa, Debbie lloro y Brett sonrió.
Se casaron el 30 de noviembre de 1979, en una ceremonia a la
luz de las velas. Ambos acababan de cumplir 19 años, y no podían darse el lujo
de una luna de miel.
Al principio
peleamos con frecuencia, como ocurre en todas las parejas. Pero hay que
resolver los problemas. El matrimonio se parece a la relación entre hermanos.
Hay que dar algo de uno mismo, y los demás tienen que corresponder de igual forma.
A mí siempre me encantó cumplir ese compromiso con su madre.
BRETT y Debbie pasaban el tiempo libre en la sala de su casa; allí
se quedaban a comer una pizza frente al televisor y ocasionalmente iban al cine.
Brett se conformaba con ello. Dos semanas antes de su primer aniversario de
bodas, Debbie se hizo un análisis casero de embarazo y, jubilosa, dejo el
resultado sobre el mueble, para que Brett lo encontrara. “El instinto paternal
se le despertó a mí marido”, cuenta debbie. “¡Oh! ¡Como deseaba al bebe!”
Brent, estuve presente cuando naciste.
¡Me sentía tan nervioso” Eso es humano. Ya verás que tú también te pondrás nervioso
por muchas cosas, e incluso tendrás miedo. Mira: no te preocupes, porque todo
se resolverá.
BRENT nació en agosto de 1981.Blair, menos de dos años después. Con
las comisiones que Brett ganaba en su trabajo, y con lo que Debbie percibía por
medio turno en el supermercado, la familia apenas la iba pasando. En octubre, a
pocos meses del nacimiento de la niña , Brett se sometió a una vasectomía, y la
semana siguiente Debbie se enteró de que estaba embarazada otra vez.
Blaine, tu eres muy especial. Llegaste
inesperadamente pero, igual que ti hermano y tu hermana, fuiste engendrado con amor.
Eso es lo que importa. En cuanto a cuidarlos a ustedes cuando eran muy pequeños
(cambiarles los pañales y preparar los biberones), yo me encargue muchas veces
del turno de la noche. La mitad de la responsabilidad que ustedes representan
es mía, porqué la mitad de su sangre es mía, que su madre siempre ha dicho: “¡Son
idénticos a ti! ¿Por qué será?” bueno, gracias a eso, ella me vera todas las
mañanas cuando ustedes despierten.
DESPUES del nacimiento de Blaine hubo épocas buenas y mala, todas
de arduo trabajo. Debbie y Brett todavía estaban escasos de dinero, pero vivían
felices. En marzo de 1985, Gil Wagner advirtió que un lunar que Brett había tenido
desde niño en la cara había cambiado de aspecto. “Más vale que lo examine un médico”,
le dijo al joven. Un cirujano plástico extirpo el lunar, del tamaño de un
borrador de lápiz. La biopsia revelo que se trataba de un melanoma canceroso. Una
semana después Brett ingreso al hospital, donde le extirparon algunos ganglios linfáticos,
venitas y un trozo de carne del tamaño de un huevo, alrededor de donde había estado
el lunar. En visitas subsecuentes el medico les aseguro a Debbie y a Brett que
los resultados de las pruebas habían sido negativos. Cuando Brett se recuperó, volvió
al trabajo. Poco después, su padre decidió cerrar el negocio, y el joven abrió el
suyo propio.
Realmente, nuca seguí una estrategia
desde que Salí de la secundaria. Como mi padre, termine siendo un mecánico. Me
he dedicado a este oficio siete años y medio. Lo llevo en la sangre. Sin mis
herramientas, no tendíamos pan en la mesa. Quiero que Brent y Blaine las
hereden, como recuerdo. No crean que su padre desea que sean mecánicos. Lo más
importante en la vida es trabajar en algo que a uno le guste, y hacerlo siempre
a conciencia.
BRETT alquilo un garaje sin calefacción en la parte de atrás de
una casa. Trabajo con empeño y honradez, por eso que varias empresas empezaron
a recomendarlo. Los clientes satisfechos eran sus mejores propagandistas.
Varios meses después de que Brett tomara en alquiler el garaje, se desocupo la
casa de enfrente. Decidió vivir allí. Así podría pasar más tiempo con Debbie y
los niños. Once días después de la mudanza, Brett sufrió el ataque.
Su madre va a necesitar el cariño de
todos ustedes. Brent, tú eres el que más puede ayudarla, porque eres el mayor,
y muy listo. Quiero que sigas aprendiendo, desarrollándote, y que cuides de tu
hermano y hermana. Eres un gran chico. Tal vez no lo sepas, pero lo eres.
Blair, esta mañana estuve viendo fotografías
tuyas, y eres adorable; una nena libre y desenvuelta. Siempre has tenido mucha alegría
de vivir; consérvala.
Blaine, eres tan pequeño que quizá todos
quieran aprovecharse de ti; pero estoy seguro de que serás tú mismo .Eres un
buen niño.
LA CINTA más larga y más difícil fue la que Debbie y Brett
grabaron juntos .Ella, procurando no llorar, aparece al lado de su marido, y le
hace preguntas. ¿Cuál es tu revista favorita? ¿Qué tareas te gusta hacer en
casa? Ambos miran a la cámara; bajo la mesa, tienen piernas cruzadas. Hablan
durante casi dos horas. Al final, la fatiga se trasluce en sus rostros.
No me disgusta pasar la aspiradora, o
lavar los trastos, siempre y cuando este de humor para esas labores. La verdad
es que no soy un devoto de la limpieza, como su madre. Ella siempre ha
conservado la casa impecable. Nunca olviden que su madre siempre ha sido buena
compañera y una buena esposa. Ha estado presente cuando la he necesitado.
Quiero que ustedes la ayuden en todo lo que puedan tampoco olviden que los
quiero mucho.
A MEDIADOS de octubre, con dinero de un fideicomiso creado para la
familia, Brett y Debbie, que nunca se habían ido juntos de viaje fueron a Hawái,
en una tardía luna de miel. Nadaron, hicieron el amor y comieron pizza al atardecer.
Brett alquilo un esquí acuático motorizado, anduvo paseando en el y vio una
gigantesca tortuga, “¡Fue fantástico!”, le dijo a Debbie. Pero en el avión, de
vuelta casa, sufrió otro ataque. Tuvo que permanecer una semana en el hospital.
A principios de noviembre volvió a internarse. Empeoraba, pero él seguía empeñado
en estar con su familia. ” ¿Cuándo me voy a casa?”, preguntaba, con insistencia.
“Quiero irme a casa”. Debbie se impuso y a las tres semanas convenció al
personal del hospital de que ella podía encargarse de la medicación y demás cuidados,
con la ayuda de Gil. De modo que Brett volvió a su hogar.
Creo que mi época favorita del año es
otoño, porque entonces todo cambia. ¿Que día festivo prefiero? El de acción de
gracias, por el pavo y la reunión familiar. Una gran cena formal: Eso me
encanta.
DEBBIE cocino para que toda la familia cenara el día de Acción de
Gracias; desgraciadamente, Brett estaba semicomatoso. El 30 de noviembre fue su
séptimo aniversario de bodas. El trato con todas sus fuerzas de reanimarse
y no perder la comunicación, pero se iba
alejando poco a poco.
El 10 de diciembre, Brett ya estaba agotado por la lucha. Todos, incluso
el mismo, sabían que el final se acercaba. Gil estaba a su lado, lo mismo que
Brent y Debbie, y su amigo Bill. ”Estamos contigo; no temas”, le decía Debbie,
con la cabeza apoyada sobre el pecho de él. “¡Adiós, amor mío!”, susurro. “Ve
con Dios. Todos te amamos”.
No tengo dudas sobre la valentía de ustedes. Voy a estar cuidándolos,
porque creo que hay un Dios. Quiero que tengan presente que estaré en alguna
parte, pensando en ustedes, y queriéndolos y esperándolos.
¡Deb, el tiempo se ha ido tan aprisa! Siento que haya tenido que ser así. Se valiente.
No quiero decir adiós, nunca. Y no lo hare, porque volveré a verlos. Brent, Blair,
Blaine: Cuando sientan deseos de estar junto a mí, abracen a su madre. Sera
igual que estrecharme, porque ella es la mitad de mi mismo. ¡Ojala pudiera yo abrazarlos más!
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